Los años del ático
Tú eres pálida y pequeña. Frágil casi siempre, y rotunda y doctrinal cuando te miras al espejo y haces muecas con la boca.
Yo, aún, sigo enamorándome de ti algunas noches, casi todas. Es cierto.
Tú eres sencilla y bonita. Templada con sangre ardiente y roja. Tienes los ojos grandes y lo sabes, y de eso te aprovechas.
Tú eres tímida y graciosa. Estallas a borbotones y te haces añicos algunas veces, y yo no sé recogerte.
Tú eres sencilla y bonita. Templada con sangre ardiente y roja. Tienes los ojos grandes y lo sabes, y de eso te aprovechas.
Tú eres tímida y graciosa. Estallas a borbotones y te haces añicos algunas veces, y yo no sé recogerte.
Yo, dejé ranas en tu casa, para que te protegieran y, algunas noches, como anoche, sueño contigo y pienso que estás mejor ahora y eso me encanta.
Pero perdóname por ser tan torpe.

