ya no sé qué contarte
"Apenas los primeros rayos de sol rozan la ventana se despierta. Decidida, con los ojos cerrados, se levanta de la cama. Las siete menos cinco. El sol va engullendo las pocas estrellas que quedan.
La radio de la cocina habla de la composición del nuevo gobierno.
Al salir de la ducha siente frío hasta que alcanza la toalla.
Con el pelo aún mojado sale de casa. Le encanta vestir de negro. Piensa que le sienta bien. Al llegar al coche, abre el bolso y saca un teléfono móvil."
He intentado escribir más de cien veces lo mismo y ya no sé qué contarte y encima se me da mal escribir de pie sobre una libreta que no tiene líneas ni es cuadriculada como mis cuadernos de matemáticas del Instituto.
He probado a recomendarme los mejores psicólogos que conozco de oídas y siempre resulta que oigo mal y sus apellidos son de estomatólogos o de oftalmólogos.
He visitado todas las chinchetas del mapa y las he ido quitando hasta que el mapa se cayó y en la pared sólo quedan algunos agujeros.
He maldecido las pulseras y anillos y hasta los nomeolvides y los botellines de Cruzcampo que están un poco rotos por el filo y te cortan el labio o la lengua según te de por beber.
He organizado una pequeña fiesta sin invitaciones pero con muchos rollos de papel higiénico a modo de serpentinas blancas que cuelgan del suelo y no se mueven.
He fracasado en todos los intentos de paz incluso ofreciendo todo lo que tengo y todo lo que sé a cambio de una tregua que dure un instante.
He planeado un viaje de ida y vuelta de poco más de cuatro días pero no sé qué llevarme y la mujer del hostal me llama cada cinco horas para que le confirme la reserva.
He comprado revistas y fascículos con todas las colecciones que te puedas imaginar más todas aquellas que jamás se te podrían ocurrir y sólo me falta la de Burgos para tener todas las catedrales de España.
He aprendido catalán y también he aprendido a reírme pero no sé hacer las dos cosas a la vez aunque tampoco se me da muy bien pronunciar Sabadell.
La radio de la cocina habla de la composición del nuevo gobierno.
Al salir de la ducha siente frío hasta que alcanza la toalla.
Con el pelo aún mojado sale de casa. Le encanta vestir de negro. Piensa que le sienta bien. Al llegar al coche, abre el bolso y saca un teléfono móvil."
He intentado escribir más de cien veces lo mismo y ya no sé qué contarte y encima se me da mal escribir de pie sobre una libreta que no tiene líneas ni es cuadriculada como mis cuadernos de matemáticas del Instituto.
He probado a recomendarme los mejores psicólogos que conozco de oídas y siempre resulta que oigo mal y sus apellidos son de estomatólogos o de oftalmólogos.
He visitado todas las chinchetas del mapa y las he ido quitando hasta que el mapa se cayó y en la pared sólo quedan algunos agujeros.
He maldecido las pulseras y anillos y hasta los nomeolvides y los botellines de Cruzcampo que están un poco rotos por el filo y te cortan el labio o la lengua según te de por beber.
He organizado una pequeña fiesta sin invitaciones pero con muchos rollos de papel higiénico a modo de serpentinas blancas que cuelgan del suelo y no se mueven.
He fracasado en todos los intentos de paz incluso ofreciendo todo lo que tengo y todo lo que sé a cambio de una tregua que dure un instante.
He planeado un viaje de ida y vuelta de poco más de cuatro días pero no sé qué llevarme y la mujer del hostal me llama cada cinco horas para que le confirme la reserva.
He comprado revistas y fascículos con todas las colecciones que te puedas imaginar más todas aquellas que jamás se te podrían ocurrir y sólo me falta la de Burgos para tener todas las catedrales de España.
He aprendido catalán y también he aprendido a reírme pero no sé hacer las dos cosas a la vez aunque tampoco se me da muy bien pronunciar Sabadell.

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