martes, diciembre 18, 2007

Hace más frío

Hace frío aquí, Sara. Aún no han empezado las Navidades, en realidad siempre han empezado tarde, aquí.
No sé cuántos años tendría, pero era muy pequeño, y tú ya estudiabas fuera, entonces contaba los días que faltaban para que tú llegases, te llamaba todos los días por teléfono y te insistía para que vinieses cuanto antes, iba a buscarte al tren, también hacía frío. Se me hacían horas los minutos que tardábamos en llegar a casa desde la Estación del tren, y me agarraba a tu mano para tirar de ti.
Tú llegabas a casa y sacabas las bolsas de adornos navideños y luces. Y mamá te decía que ya era muy tarde para buscar musgo para montar el Belén. Yo empezaba a tranquilizarme porque pensaba que gracias a ti volverían otro año más los Reyes Magos.
Mamá se enfadaba contigo y no paraba de decir que no estaba ella para Navidades y que no tenía que aguantar esto o lo otro por tu culpa porque ella no quería celebrar nada. Y tú traías las Navidades a casa, un año tras otro, siempre.
A mí nunca me gustó diciembre, cuando iba a casa de mis amigos a jugar, todos tenían árboles, adornos y luces desde principios de mes, y yo odiaba todo eso, entonces les mentía y les decía que en mi casa también estaba todo listo ya, pero en mi casa Navidad has sido tú. Y yo no te había dado las gracias.

viernes, diciembre 07, 2007

du bist

Sei mir gewogen
ich liebe dich
den ich nicht kenne

todas las noches

Regresaba a mi habitación
todas las noches
ella o su fantasma.
Todas las noches
se inclinaba sobre mí
y me besaba en la frente.
Un ritual, una costumbre
desde siempre
todas las noches.
A veces se fumaba un cigarro
me leía un cuento
o me hablaba de algún bar.
Algunas noches
cosimos bolsillos
veíamos llover.
Y después, al final,
siempre se despedía
con un te quiero especial.
Yo sabía que no era normal
que no podía durar
pero si ella no venía
aquello no era noche.

rasguños

No sé dónde estás, no sé si estás en tu casa, y por allí he pasado cuatro veces hoy, intentando encontrarte. No he tenido valor para subir. Al principio si, pero después pensé que si no me abrías o no me hablabas yo iba a dejar de escribir, yo iba a dejar de imaginarte, de pensarte y de esperarte. Así que decidí que mejor no. Pienso escribir mucho, mucho. Un libro entero para poder dedicártelo, de veras.
Sería más fácil si yo tuviera pistas, algo. No tengo nada. Anoche pasé frío, y después me reí, camino a casa, me reí de mí. Está bien eso de reírse de uno mismo, de nuestra propia sombra. Pensé, también, que no te lo había dejado claro, y me dije, porque no probar otra vez, esta vez en aquella plazoleta de la fuente, la de la foto. Bueno, pues eso, me propuse volver a intentarlo, después pensé que no, que esta vez, a casi trescientos kilómetros, ya no haría tanta gracia.
En realidad yo debería quedarme con las primeras decisiones que tomo porque, total, después siempre termino diciéndome que no, y eso no debe ser bueno.
Me duele mucho el cuello y la espalda, en realidad creo que es un dolor de nuca. Ni te lo puedes imaginar. Y no se pasa, así lleva todo el día y nunca termina. ¿Debo acostumbrarme al dolor? Tengo mil rasguños y un dolor.
He estado buscándote y me he enfadado. Ya te lo había dicho antes. No tengo nada escrito tuyo. Me da coraje, sobretodo porque me encanta tu letra. Tengo muchas cosas, pero nada escrito, bueno algunas frases, es verdad.
¿Tú crees que esto es invierno? Ahora que te has marchado me invento domingos entre semana. Pero quiero que llueva, si es en domingo mejor.
Cuando fumas en silencio el humo no se oye, quizás solo la calada que quema el tabaco, nada más. Pero seguro que tú ya lo sabías.
No tendremos letras pero tenemos fotos. A mí siempre me han gustado mucho las fotos. Como la de la plazoleta. Creo que esa pasión tan especial que siento se la debo a mis padres. Porque creo que cuando yo nací prohibieron hacer fotos o el precio de los carretes se disparó por alguna causa que yo desconozco. Tengo una foto de cuando tenía más o menos un año. Y cuatro de cuando tenía cuatro o cinco. Esa historia, la de mis propias fotos de pequeño, siempre me preocupó. Sobretodo porque a mis hermanos no les ha sucedido lo mismo.
Algunas veces, al repasar tus fotos, he descubierto sonidos nuevos, me he acordado de cosas, de conversaciones y de momentos. Eso me gusta.
Esta noche no voy a dormir. Por el dolor. No he podido almorzar ni cenar por lo mismo. Pero doy gracias por haber llegado hasta aquí.

miércoles, diciembre 05, 2007

Porque sueño sueños cortos

Me he levantado despacio, con miedo, y después me he arrepentido y me he dicho que no, que hoy iba a brillar.
La mañana pasó rápido y, al mediodía, almorcé ligero. Esta tarde me senté en tu puerta, como tantas noches, a fumarme un cigarro.
Voy desnudo por las calles y nadie me dice nada. Ni siquiera me preguntan si tengo frío. Ya nadie se saluda educadamente. Apenas algunos niños te miran a los ojos, a los dos.
Esta noche te voy a contar una cosa. Tengo preparado un pequeño ritual que no sé si servirá para algo. Hoy te mandaré tu mensaje, a la hora de siempre, desde el primer sitio donde te conocí. Donde quedamos el primer día que quedamos. Para celebrar el habernos conocido y reconocido. Quizás ni recuerdes aquella plaza. Yo estaré ahí, sentado en aquella mesa, con la misma cerveza, y contigo y sin ti al lado. Riéndonos y hablando de tu vida. Entonces te contaré algo y te contaré hasta siete. Incluso puede que te espere cuatro segundos más, y después me marcharé, a dormir seguramente, o no, no lo sé.
Quizás no te cuente nada, pero te mandaré un mensaje, eso si lo tengo claro, desde allí. Porque ese es nuestro primer recuerdo juntos. El mensaje, claro. Me define eso, si.
Es tu hora, tu sitio y tu mensaje, y en ese momento seré parte de eso, de ti. Y después no. Entre un segundo y otro puede pasar mucho tiempo y pueden pasar cosas y no cosas, también pueden no pasar.
Es genial lo del tiempo, ¿verdad?, si está a favor, eso si.
Mi hermano me lee, me lo dijo el otro día. Al principio me asusté un poco. Después de ese segundo no. Porque era ya mi amigo antes que hermano. Y sabe de esto, de lo que escribo, él sabe todo. Mi hermano es mágico. Tú también lo eres. A mi me gustan las personas con magia, las demás me dicen menos, pero también las oigo.
Tengo un regalo para ti. No sabía si dejárselo a tu vecina. Después si lo supe, y pensé que mejor no. Así que lo tengo aquí al lado. Te lo daré esta noche en el bar del pantano, y tú te reirás emocionada. Después todo habrá terminado, apenas entre un segundo y otro. No sé por qué se llaman segundos si siempre están al principio de todo, antes de que se empiece. En mi caso, algunas veces, son terceros, porque yo llego tarde, pero la gente que me conoce me perdona, o no. Pero da igual, saben que es así. Como tú, como mi hermano.
Al principio pensé vigilarte y dejé a mi rana a tu lado, pero hace unos días, le pedí que te cuidara. Ella lo hace mejor que yo, mejor que nadie quizás. Pero es verde, lo siento.
Llevo mucho tiempo sin comer patatas chips de Hipercor en bolsa azul. Pero tomo Augmentine y Espidifen para la muela, que si te lo propones saben igual. Por lo demás igual. Hasta después.

Porque sigo escribiendo

Sin ganas y desde la cama. Es mi nueva forma de escribir. No estoy más inspirado por eso, quizás menos, pero por el tiempo, o por el cambio climático.
No tengo cosas nuevas que contar ni me encuentro ocurrente. Tengo que escribir, me he propuesto, sobre tres temas: que el otro día estuve cenando y discutiendo con Juan Diego Botto, sobre los regalos, y sobre los sueños.
Pienso que tú me lees. Y aunque no sé si sirve de algo, me gusta seguir diciéndote cosas. Quiero pensar que aún estamos unidos, y que de vez en cuando sí te acuerdas de mí y entras a ver qué tal sigo.
Aunque así fuese, y ya lo dudo, tampoco serviría de nada, pero siempre me he agarrado fuerte a lo que quedaba, y si no había me lo imaginaba, y así me caía poco a poco y no con fuerza.
Creo que diciembre se divide en muchos meses distintos, y hay puente, compras, lotería, cenas, Navidad, despedida de año, etc. Y aunque lo relacionemos todo en un sólo mes los demás días quedan casi despedidos del almanaque. Y vivir un día de diciembre sin nada de eso o sin frío es muy jodido.
En fin, que para ser diciembre yo no debería escribir y tendría que dedicarme a montar un Belén o un árbol de Navidad o algo de eso. Sin embargo, ¿sabes qué? Te quiero. Porque sigo escribiendo.
Ae

lunes, diciembre 03, 2007

He pasado toda la noche sin dormir


Como ya soy mayor me he acostumbrado a las personas que van y vienen. Quiero decir que mi sistema inmunológico ha reaccionado a los años de mi vida y a las inestabilidades propias de una vida, y nunca lo paso demasiado mal. Cuando yo voy o vengo tampoco me preocupa demasiado.
Ahora vivo en un pueblo, sin cobertura ni Internet, con mucho tiempo libre y haciendo deporte y leyendo. Estoy por debajo de mi peso ideal, fumo menos, sólo por hacer aros, y hace mucho frío. A partir de las diez de la noche no hay nadie en la calle. Y aunque a mi me habría gustado ser agente especial del FBI en cualquier estado norteño, ya me he acostumbrado a esto, y me lo paso bien, yendo y viniendo, claro.

Algunas veces tengo miedos y otras me estreso llenando todo de papeles con cosas por hacer apuntadas, que nunca leo porque siempre recuerdo. En definitiva, que estoy bien, aquí yo mismo. Lo único que me traje, y es literalmente de verdad, convierten algunas noches en largas y silenciosas. Algo que no había aquí y que, seguramente por culpa del exceso de antibióticos, mi sistema inmunológico no ha identificado y eliminado: recuerdos.

Esta inmunodeficiencia me deja días sin dormir, también algunas noches. Me marea. Y no lo entiendo. Ya me ha pasado más veces, en otros sitios. Y se supone que existe una memoria inmunológica que ayuda a protegernos.

No lo sé. Quizás mis recuerdos no sean propios, y sean nuevos e inventados, y esta sea la primera vez que hacen daño. Pero bueno, hablando de recuerdos que no dejan dormir, ¿podría darse una respuesta auto inmune?, aunque esto significaría eliminar también los buenos. Quizás no me gustaría. Aunque tendría menos ojeras, eso sí. Pero sin recuerdos me pasaría horas leyendo todos esos papeles que voy soltando por ahí.
“He pasado toda la noche sin dormir, viendo,
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de como ella me parece”
Fernando Pessoa.