martes, noviembre 27, 2007

Una noche

Cuentan que la Bella Durmiente
nunca despertó de su sueño.

Leopoldo María Panero. "Érase una vez".-


Pensaba que estabas enfadada conmigo por alguno de mis frecuentes descuidos y, por orgullo o por la sinrazón esa que me caracteriza, pensé que era mejor dejarte tranquila hasta que se te pasara. Y te dejé tan tranquila que, de buenas a primeras, enmudecí. Conforme pasaban los minutos, solo algunos gestos y muecas que habían sustituido a mis palabras me servían de respuesta a cualquier pregunta o frase tuya.
Ni siquiera sabía si estabas molesta por algo o no o, si en aquel caso, lo seguías estando, pero a las horas yo seguía actuando igual y, seguramente, tú pensarías que me pasaba algo raro, cosas de esas que me pasan a mí y que sólo tú sabías llevar.
Cuando me preguntaste si nos íbamos a la cama, yo contesté que no tenía sueño y que me iba a fumar un cigarro.
Después de nueve cigarros me quedé dormido en el sofá. A las seis o siete de la mañana viniste a despertarme para llevarme a la cama, me tapaste y me dormiste a tu lado, y yo nunca te di las gracias.

sábado, noviembre 24, 2007

Amsterdam, Haarlem y La Haya

prometo no mandar más cartas y no pasar por aquí
prometo no llamarte más y no inventar ni mentir
prometo no seguir viviendo así, prometo no pensar en ti
prometo dedicarme solamente a mí
prometo que a partir de ahora lucharé por cambiar
prometo que no me verás, que no voy a molestar
y sabes que lo digo de verdad que no voy a fallarte en nada
que tengo mucha fuerza de voluntad que no fallaré en nada
prometo no seguir así, prometo que no voy a pensar en ti
prometo dedicarme solamente a mí.

Los Piratas


"Yo en tu lugar mentiría más dulcemente"
A. Gamoneda

domingo, noviembre 18, 2007

Dormido



al trepar por cubos de vapor / donde no queda más que recordar / te encontré durmiendo / sin saber que estabas junto a mí / escondí estampas con tu olor / para así, poder un día volver / y seguir trepando cuando nadie se acuerde ya de ti.
Maga

Os voy a contar algo importante. Entre las personas que me leen sólo hay cinco que me conocen, creo. Bueno, no sé si me conocen o no, pero al menos sé que tienen mi número de móvil, y eso es importante. En ese caso, obviemos lo que escribo e imaginaos que no va dirigido a vosotros o , mejor, os pido que os abstengáis de leerlo o, en cualquier otro caso, actuad como si no lo hubieseis hecho.
Sólo digo esto porque no quiero mensajes, mails ni conversaciones estúpidas.

Llevo casi dos meses manteniendo una relación de indiferencia con mi hermano. A mí eso me agobia particularmente, porque no entiendo esas situaciones y me provoca una intranquilidad obsesiva.
Siempre pensé que en mi vida había un fleco suelto porque alguna persona creyese que le había hecho daño intencionadamente y se separase de mí. Me culpo de todas esas cosas y me empeño en solucionarlo cuando me dejan. Cuando me siento feliz conmigo mismo me entran unas ansias increíbles de resarcir todo lo que he podido hacer mal y no me doy cuenta de que soy tan humano como cualquiera. Ahora estoy en esas, y a mi hermano, con el que he vivido prácticamente toda mi vida, le he pedido perdón, pero no sé por qué motivo.
Bueno, lo importante es que me siento más aliviado, menos tenso y un poco más en paz conmigo mismo. Quería resolver varios asuntos pendientes y mandar siete cartas a distintas personas a las que nunca les he dicho todo lo que debía o, al menos, lo que merecían saber. Aunque eso, lo de las cartas, lo he dejado para mañana o pasado. Me siento tremendamente feliz y organizado, y esa mezcla, aunque nadie me crea, ha provocado que lleve casi todo el día riendo. Me entran unas enormes ganas de reír y se me escapan unas carcajadas sin sentido.
También me siento fuerte y con ganas de hacer cosas. Tengo unas ganas tremendas de viajar, hacer fotos, conocer a gente, ir a conciertos, gritar...
El viernes, en urgencias, me hicieron un TAC y unos análisis porque padecía hematuria y, de vez en cuando, un fuerte dolor en la región inguinal. Aún no me han diagnosticado nada y el martes vuelvo a esa fría consulta. Yo, como no sabía muy bien qué podía ser, no he dicho nada a mi familia. He de tomar más de cien euros de antibióticos y pensar que es sólo una infección de la vejiga causada por el tabaco y al alcohol. En ese caso, el mejor, sólo he de dejar de beber y fumar.
Volviendo a lo de antes, lo mejor de todo, es que después mi hermano me dijo que ya ni recordaba porqué se había enfadado, y comenzamos a reírnos, otra vez.

sábado, noviembre 17, 2007

El rumbo de tus sueños

Jamás te recuerdo porque nunca te olvido. Tu cuerpo fue la guarida favorita de mi cuerpo. Hay una estela de ausencia, de coincidencia literaria, de locas armonías, de piel azteca. Y ahora tengo las arterias llenas de etcéteras, y un corazón espartano, y unas manos que creen en los milagros. Pero son tan perezosos, son tan impuntuales, que hermosas tus tristezas, como las mías fatales.
Bunbury y Vegas.

Esta puñetera memoria mía me la juega cada vez que quiere. Esta mañana salí un rato a pasear porque ya me aburría bastante el tenis de Nadal. Pensé, en principio, comprar el periódico y tomarme una cerveza. A mí, algunos días, me sorprenden mucho las conversaciones cotidianas de la gente que va caminando a mi lado. Son conversaciones acerca del perro, de la película que echaron anoche en Cuatro o de la familia real. Yo disimulo mirando hacia otro lado y me empapo de todo aquello que me llega. Algunas veces hago mías sus frases, casi sentenciando, y mis amigos bromean con lo contradictorio que me puedo volver después de dar un paseo.
Esta ciudad es cómoda, no sé describirla de otra forma, así que procuro no pasar excesivo tiempo en ella. Es cómoda porque sabes donde está todo y por donde encontrar a quien quieras. Sin embargo me siguen atrapando las conversaciones y los gestos de todos sus habitantes, me parecen tan nuevos.
Casi sin quererlo, me había cruzado media ciudad intentando hilvanar frases inconexas y palabras bonitas. Los distintos tonos de voz y clases de lenguaje no han hecho que pudiera seguir construyendo una historia casi verdadera.
Se había hecho muy tarde cuando miré el reloj y decidí volver a casa en taxi. -Otro día te contaré la historia de los taxistas.- Mi mala memoria ha hecho que me volviera sin haber comprado ningún periódico, y lo de la cerveza me lo perdono, porque también siempre olvido que anula los efectos del Frenadol. Y no sé si será porque la dosis de paracetamol es muy alta, pero esto te lo tenía que contar, aunque sé que lo leerás mañana, en tu casa, conectándote a ese cable tan largo y tan nuevo. Porque jamás te recuerdo pero nunca te olvido. He de hablarte de esta puñetera mala memoria mía que me la juega a veces, aunque eso lo haré otro día, ¿no?

sábado, noviembre 10, 2007

sufrir

llevo días sin dormir y me levanto una y otra vez de la cama buscando algo que me haga olvidar esta muela suicida que quiere inmolarse y no deja que yo siga viviendo y ya no sé qué escribo ni por qué lo hago y me parece que el tequila me está quemando los labios y algo más por dentro y Aznar se me aparece dando vueltas hacia el techo y la respiración se entrecorta y no sé si es mía o es de él.

viernes, noviembre 09, 2007

rodillas

Me has llenado de pétalos los labios,
algunas tardes incluso de besos.
Me has acariciado las rodillas y,
debajo de la mesa, nos hemos amado.
Me has comido, dormido y sentido.
Me has merecido la pena.
Me has dibujado, con tus manos, en la espalda,
casi siempre sietes azules.
Me has tatuado de ceniza, y después
Me has dejado.

viernes, noviembre 02, 2007

mi alma

El 14 de junio de 2003, a las once más o menos de la mañana, una mujer de pelo largo castaño, gruesa, de aspecto serio y unos sesenta años, se sentó a mi lado en la barra de la cafetería donde me encontraba desayunando, al momento, con una voz muy dulce, me dijo que todo saldría bien. Yo terminé mi café y me marché de allí, después de asentir con la cabeza y despedirme educadamente.
Hace apenas unas horas, esta tarde, esa misma mujer se ha sentado a mi lado en la parada del autobús.
Es extraño, pero aquel día, la primera vez que la vi, al salir de la cafetería mi hermano me llamó al movil para preguntarme si me pasaba algo, que se acababa de despertar de un absurdo sueño, y algo le presionaba el pecho por querer escuchar mi voz. Aquella noche, sin apenas pensarlo, apunté la anécdota en la hoja de aquel día de mi agenda.
Hoy, al montarme en el autobús, miré hacia atrás y ella ya no estaba. De nuevo el móvil comenzó a vibrar en el bolsillo del pantalón. Me daba pánico pensar en la posibilidad de que fuera mi hermano el que llamaba. Antes de sentarme, y agarrado a una barra lateral, miré la pantalla y vi un número que no conocía. Al descolgar, la voz de esa mujer me ha susurrado: felicidades. Antes de preguntar nada ya había colgado, y al rellamar al número que me aparecía un contestador de Vodafone me indica que no existe.