lunes, octubre 29, 2007

que pase esta noche

De pequeño, cuando vivía en el pueblo, compartía habitación con mi hermano pequeño. En casa vivíamos muchos así que a nosotros nos tocó un cuarto pequeño en el que mi madre dispuso casi juntas las dos camas.

Todas las noches, después de acostarnos, mi padre venía a taparnos y darnos un beso de buenas noches en la frente. Yo no sé si era porque me había acostumbrado a eso o porque ya comencé a padecer este insomnio, pero siempre estaba despierto esperándolo mientras mi hermano ya llevaba una hora o más dormido.

Debiera tener yo seis o siete años y ya me decían que era más alto y fuerte que mi hermano.

Una noche de esas mi padre cuando me tapó me dijo que me acostase sobre el lado derecho, para dormir mirando a mi hermano, que se encontraba con gripe, vigilando que no le pasara nada. Aquella noche no pude dormir.

Las siguientes noches, durante mucho tiempo, me costó mucho trabajo dormir, porque mi padre no sabía que yo siempre había dormido mirando hacia el otro lado. Que a todo nos acostumbramos es bien cierto, yo por ejemplo que aborrecía Anatomía de Grey terminé sin perderme un episodio después de tragarme los primeros casi por obligación tuya. Y yo me acostumbré a dormir mirando hacia la derecha. Por todas las camas que he pasado me he recostado de esa forma.

De pequeño me sentía verdaderamente mal si me despertaba en mitad de la noche y no estaba en la posición correcta, entonces me levantaba y sentía el frío bajo mis pies y me iba a la cama de mi hermano a oírlo respirar. Me sentía culpable hasta el momento en que comprobaba que estaba bien y que nadie se enteraría de que me había descuidado de protegerlo mientras soñaba.

A los trece años dejamos de dormir en la misma habitación, él se fue a estudiar fuera y yo me convertí en el dueño de todo el cuarto. Al principio me sentí aliviado de responsabilidad, aunque para entonces ya no era capaz de dormir si no me imaginaba que él estaba ahí cerca: en su lado, y que estaba bien.

Me volví protector con todo el mundo menos conmigo, y lo peor es que nunca lo hice bien, casi siempre me quedo dormido por una cuestión u otra, y cuando piso el suelo y está frío, descubro que ya es tarde.