Qué bonito nombre tienes...
-Llevas todo el día tumbada en el sofá.
Al principio las manos se entrelazaban sin apenas intentarlo, y parecían una, más grande que cualquiera pero una; y si cerrabas los ojos rápido y los volvías a abrir, de verás que era una única mano la que se veía.
-Podías hacer algo más con tu vida. Estás más gorda, no sé si me atraes.
Quedábamos a cualquier hora, para cualquier cosa-excusa, y hablábamos, o no lo hacíamos y nos mirábamos, y sonreíamos. Yo era su vida. Y, antes de colgar el móvil, nos despedíamos doce veces, incluso más.
-Voy a salir, no sé a qué hora vendré. Vale, vale, vale...
Algunas tardes comprábamos palomitas, pipas, gominolas... Incluso algunas no-tardes. Y nos inventábamos vidas, nombres de hijos, ciudades, y palabras de esas que deberían estar en las listas de palabras más bonitas, no como libélula pero si como labios o fresas.
-No me estoy drogando, joder. Déja, de una puta vez, de meterte en mi vida.
Compramos una ardilla, a mí nunca me gustaron las ardillas. También compramos una plancha, una vajilla, gel, comida rápida, y muchas cosas más que no recuerdo. Tampoco me gustaron las toallas, pero me sentía incómoda diciéndolo.
Al principio las manos se entrelazaban sin apenas intentarlo, y parecían una, más grande que cualquiera pero una; y si cerrabas los ojos rápido y los volvías a abrir, de verás que era una única mano la que se veía.
-Podías hacer algo más con tu vida. Estás más gorda, no sé si me atraes.
Quedábamos a cualquier hora, para cualquier cosa-excusa, y hablábamos, o no lo hacíamos y nos mirábamos, y sonreíamos. Yo era su vida. Y, antes de colgar el móvil, nos despedíamos doce veces, incluso más.
-Voy a salir, no sé a qué hora vendré. Vale, vale, vale...
Algunas tardes comprábamos palomitas, pipas, gominolas... Incluso algunas no-tardes. Y nos inventábamos vidas, nombres de hijos, ciudades, y palabras de esas que deberían estar en las listas de palabras más bonitas, no como libélula pero si como labios o fresas.
-No me estoy drogando, joder. Déja, de una puta vez, de meterte en mi vida.
Compramos una ardilla, a mí nunca me gustaron las ardillas. También compramos una plancha, una vajilla, gel, comida rápida, y muchas cosas más que no recuerdo. Tampoco me gustaron las toallas, pero me sentía incómoda diciéndolo.
