Llámame cuando/como quieras
Yo me despertaba siempre antes que nadie
o era el último que me iba a dormir
y me ponia a buscar nuestros nombres
en una pared en tus ojos en tu café.
Cuando a la ciudad no le interesaba nada
ni a los taxis ni a los escaparates
yo preguntaba por dos nombres
y tu seguías con tu desayuno
como si la cosa no fuera contigo.
Nunca había nombres ni tizas ni lapices
alpino ni mesas ni tú.
Y los dueños de las tiendas abrían sus tiendas
y los clientes comenzaban a entrar
porque ellos no sabían que yo buscaba
nombres paredes una fecha.
Por eso nunca nadie me quiso ayudar
porque esta ciudad, como todas,
van a lo suyo, a sus cosas,
y les cuesta mucho trabajo pararse.
Entonces volvía a casa,
esta vez estabas desayunando
y empecé a buscar una pared rotuladores
y nombres por tu cuerpo
a veces te dolía
o decías que hacía demasiado frío
para que te desnudara allí mismo.
-Nunca hace demasiado frío
ni hay sitios oportunos donde no estar desnudos-
Y sobre tu cuerpo únicamente había
otros nombres teléfonos lugares.
yo intentaba borrártelos con mi saliva
y se pasaban a mi lengua.
después te hacía el amor te quería te jugaba
te abrazaba a veces, te construía un armario
con las maderas que fui amontonando
en la esquina de la cocina.
Pero nunca aparecían los nombres,
ni a Granada ni a Barcelona ni a Madrid
les apetecía enseñármelos.
Y yo siempre terminaba buscando en los mismos sitios
en los mismos hormigueros
en los mismos bares, donde la gente pensaba
que yo estaba drogado o anestesiado
por ir levantando las sillas las mesas
los paraguas las piernas las colillas.
Así que yo ya sabía que todo iba a terminar
porque nunca encontraría nuestros nombres
escritos en esa pared hace tantos años.
Y algún día, en cualquier conversación,
yo no sabría presentarte o nombrarte
y no valdría cariño vida niña gordi
y me tendrías que dejar y abandonar
porque yo había olvidado tu nombre,
para siempre, todo para siempre.
o era el último que me iba a dormir
y me ponia a buscar nuestros nombres
en una pared en tus ojos en tu café.
Cuando a la ciudad no le interesaba nada
ni a los taxis ni a los escaparates
yo preguntaba por dos nombres
y tu seguías con tu desayuno
como si la cosa no fuera contigo.
Nunca había nombres ni tizas ni lapices
alpino ni mesas ni tú.
Y los dueños de las tiendas abrían sus tiendas
y los clientes comenzaban a entrar
porque ellos no sabían que yo buscaba
nombres paredes una fecha.
Por eso nunca nadie me quiso ayudar
porque esta ciudad, como todas,
van a lo suyo, a sus cosas,
y les cuesta mucho trabajo pararse.
Entonces volvía a casa,
esta vez estabas desayunando
y empecé a buscar una pared rotuladores
y nombres por tu cuerpo
a veces te dolía
o decías que hacía demasiado frío
para que te desnudara allí mismo.
-Nunca hace demasiado frío
ni hay sitios oportunos donde no estar desnudos-
Y sobre tu cuerpo únicamente había
otros nombres teléfonos lugares.
yo intentaba borrártelos con mi saliva
y se pasaban a mi lengua.
después te hacía el amor te quería te jugaba
te abrazaba a veces, te construía un armario
con las maderas que fui amontonando
en la esquina de la cocina.
Pero nunca aparecían los nombres,
ni a Granada ni a Barcelona ni a Madrid
les apetecía enseñármelos.
Y yo siempre terminaba buscando en los mismos sitios
en los mismos hormigueros
en los mismos bares, donde la gente pensaba
que yo estaba drogado o anestesiado
por ir levantando las sillas las mesas
los paraguas las piernas las colillas.
Así que yo ya sabía que todo iba a terminar
porque nunca encontraría nuestros nombres
escritos en esa pared hace tantos años.
Y algún día, en cualquier conversación,
yo no sabría presentarte o nombrarte
y no valdría cariño vida niña gordi
y me tendrías que dejar y abandonar
porque yo había olvidado tu nombre,
para siempre, todo para siempre.
