jueves, enero 26, 2006

Credo número dos

A veces me encantaría ser como tú, o como tú quieres que yo sea.
Creo que demasiadas cosas y sitios, personas y fechas, me atrapan, me espesan, casi no me dejan huir. Y me siento al borde de la escalera, donde nunca quise estar. y me levanto. Y me vuelvo a sentar. Y enciendo otro maldito cigarrillo que consigue que vuelva a respirar, aunque sea una sensación que dura apenas segundos. Y vuelvo. Y vuelo, como evadiéndome de tu cercanía. Y consigo caer adonde estaba, al borde de la escalera, a sus peldaños. Me apoyo en la baranda. Pienso que es el único apoyo que tengo. Y me engaño otra vez. ¿Por qué lo hago?

Mírame, ya no tengo edad para buscar.
Consigues sacarme de quicio, y ni siquiera dejas que te olvide. No quiero juzgarte, ni me gustaría estar en tu lugar. No sé qué quiero que me des, ni sé si quiero que me lo des. No sé si más, no sé si menos.

Cierra los ojos. ¿Me ves?
Mis hijos están vacíos, dentro de ti. Mi alma da vueltas por el cuarto, cuando miro al techo la veo y me hace gracia. Mi causa la perdí hace tiempo.

Vente conmigo. Ese es el pueblo del que te hablé.
Masticaremos la desdicha y la apatía, y beberemos la soledad. Seremos solidarios e indulgentes. Y pondremos en marcha una industria familiar: de esencia de rosas, o de turrón del blando.
Y saldremos a ese bosque a perdernos, y a caminar. Los días de lluvia sacaremos el sol afuera, y los soleados lo volveremos a meter en casa. Y llenaremos todo de cenizas, del rencor de nuestras vidas pasadas. Y vocearemos palabras sin sentido, a cada cual más estúpida. Y reiremos.

Recuérdamelo.

Credo número uno

-Es gris humo, lo sé porque lo huelo.
-La tristeza no tiene color, así que para ya de tontear.
-Que si, ¿por qué no me quieres creer?
-No es por eso, prefiero no poder distinguirla ni saber imaginármela.
-Pues algunas veces considero que tendrías que mirar más, adentro de todo, con lentitud.
-¿Crees que no lo hago?
-Conmigo no lo has hecho.
-No quiero saber nada más de ti. Me gusta tu color y como hueles.

lunes, enero 23, 2006

protesta

1- Debes aprender a no permanecer sentado mucho tiempo.
2- Es que estoy esperando algo inmediato.
1- ¿Y lo haces sentado en la cocina?
2- Me gusta valorar mis recuerdos en la cocina.
1- Tienes que cambiar tu suerte.
2- No creo que me haga falta otra cosa.
1- Pues cambia la cocina, que es donde pasas la mayor parte del día.
2- Me gusta verte cocinar mientras te recuerdo.

viernes, enero 20, 2006

Pintarás lienzos

¿Qué tal estás?
Seguro que sonríes, y eso es algo, te lo aseguro.
No imaginas la de veces que me he arrepentido de haberme ido, sin embargo después lo olvido, siempre entre el humo y el alcohol.
Cuando llegué aquí me pasaba las tardes planchando y fregando, y comiendo verduras; creo que deseaba aprender a hacer todo lo que odiabas, para que así, algún día, también me odiases.
Ahora mismo me dedico a lo que quiero, a escribir: tonterías de esas que te gustaba leer y algunas críticas literarias que me dan para vivir. Y, por lo menos, algunas noches puedo cerrar los ojos.
Siempre dejé de decirte multitud de cosas que quisiste escuchar, y no sé porque no lo hice, casi siempre me doy cuenta de todo más tarde, voy lento.
Y esta ciudad no atrapa, ni las noches son frías y vacías, y los niños llevan guantes y bufandas en los parques. Y a mi esto me merece la pena, porque me permite añorar lo que quiero y vivir poco a poco.
Yo salgo a comprar el pan y saludo a la panadera, y siempre se sonroja cuando me doy la vuelta.
A veces lloro por las noches, también alguna mañana, pero al final se me pasa.
Me ha dado cuenta de que más importante que saber hacer feliz a alguien es saber no hacerle daño. Y, al menos, estoy seguro de eso. Yo estoy lejos.
Creo que, poco a poco, algún día, nos encontraremos en algún lugar, en alguna calle, lejos de ahí y de aquí, lejos de todo. Eso debe ser el cielo. Estar juntos tú y yo, sin tocarnos, sin hablarnos, sin problemas.
¿Por qué cuando menos te lo esperas, en un segundo, cambia todo?
Hay que joderse, pero fuimos felices, ¿verdad?
Yo quiero volver a serlo.
Un beso.

Mi guión de cine

Yo nunca sé escribir lo que quiero decir, y casi siempre meto la pata, nadie me interpreta tal como quiero. El problema de todo esto es que alguien me lee, y si nadie lo hiciera nadie tendría que adivinar qué quiero decir y cómo.
A veces me he imaginado vidas, a veces las he robado, e incluso me las he creido. Yo escribo la verdad de las cosas, que es mi verdad, y que debería ser una verdad universal.
Cuando llegaste tú el margen de realidad y ficción se unió tanto que mi espacio, el que quedaba entre las dos partes, casí pereció: asfixiado.
Pero yo sé qué escribo, a quién y el porqué. Yo debería marcar con cruces la de veces que he pensado en ti, o en ti, o en ti.
Pero todo tiene un significado, casi siempre cambia porque el tiempo acompaña a cada persona con una varita mágica que te permite o te impide ver algo que no quieres o algo que quieres, y nunca nos damos cuenta.
Una vez, me acuerdo perfectamente, me desperté sabiendo que podía leer entre líneas, sin embargo otra vez no supe hacerlo, tampoco se me daban bién ver imágenes en los libros de 3-D, porque no se me da bien acercar y alejar la vista. Yo siempre me acerco demasiado o aparezco lejos.
No sé porque te cuento todo esto, quizás es que sería peor escribir cualquier otro guión que no interpretaras como yo quiero. Es verdad.

miércoles, enero 18, 2006

Una vez me fuí de vacaciones....

A veces llega un momento en que
te haces viejo de repente
sin arrugas en la frente,
pero con ganas de morir.
Paseando por las calles,
todo tiene igual color,
siento que algo echo en falta
no sé si será el amor.
Me despierto por las noches,
entre una gran confusión.
Esta gran melancolía
está acabando conmigo,
siento que me vuelvo loco
y me sumerjo en el alcohol.
Las estrellas por la noche
han perdido su esplendor.
He buscado en los desiertos
de la tierra del dolor,
y no he hallado mas respuesta,
que espejismos de ilusión.
He hablado con las montañas
de la desesperación
y su respuesta era sólo
el eco sordo de mi voz.
A veces llega un momento en que
te haces viejo de repente
sin arrugas en la frente,
pero con ganas de morir.
Paseando por las calles,
todo tiene igual color,
siento que algo echo en falta
no sé si será el amor.

viernes, enero 13, 2006

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.

Yo tenía la virtud de parar el tiempo, de cambiarlo a mi antojo. A veces me levantaba domingo y merendaba miércoles, o cambiaba a jueves si me apetecía.
Yo ya no puedo hacerlo, he perdido esta virtud. Me he dado cuenta de lo doloroso que es perder algo, sobretodo cuando te acostumbras, eso es lo peor: acostumbrarse.
Yo me dí cuenta que para mantener algo debes procurar aprehenderlo todos los días, pero no me culpo, yo soy así, y pierdo las cosas.
Yo podía haber mantenido mi virtud el tiempo que hubiese querido, sin embargo, tampoco me gustaba practicar y practicar con el único propósito de ir cambiando de tiempo, aunque lo contrario suene a monótono.
Yo, después de perderla, podía haber hecho mil cosas para recuperarla, pero ese no hubiera sido yo, porque yo me esfuerzo por dejar de encontrar cosas que se me caen.
Yo soy así, y así estoy, porque ahora no puedo cambiar de tiempo, y debo acostumbrarme, hasta que sepa perder el tiempo.

1.- Las cosas no se hacen porque sí. Yo tenía una agenda en la que apuntaba mis citas con ocho días de antelación.

2.- Las virtudes se pierden también sin descuidarse, quizás todo tenga una fecha de caducidad.

3.- Podrías hacer mil millones de cosas para recuperar tu forma de cambiar de día.

4.- No sé si me apetece, y mientras pasa el tiempo.

5.- ¿Qué es lo que más deseas hacer ahora? Puedes fantasear, pero tampoco te veas obligado a ello.

6.- Estar conmigo, solo… sin nada que hacer en los próximos cinco minutos.

7.- Apuntaba las citas ocho días antes, para procurar olvidarlas en ese tiempo, y llevarme, algunas veces, una sorpresa.

jueves, enero 05, 2006

A mis Reyes Magos:

Yo no sé cómo empezar, quizás porque alguna vez dudé de vuestra existencia.
Creo que en la paciencia encontré mi única virtud, y la descubrí apenas siendo un crío, cuando un año y otro rezaba por tener la mejor bici de todo mi pueblo; y por esos deseos tan tontos me pasé mañanas enteras de enero llorando, y a veces, mis padres lloraban conmigo, algo que sirvió para unirme más a ellos, de ahí me viene este carácter republicano, creo.
Con los años, la tranquilidad y la rutina hacen que te acostumbres a todas las navidades sin necesitar prender ningún petardo. Las fotos se van llenando de espacio, de huecos.
Yo sentía miedo por vuestra llegada, cuando una mañana al despertarme oía a niños y niñas cantar números en la tele, entonces planeaba ser bueno, y lo cierto es que casi lo conseguía.

No quiero nada, porque sé que todo lo que espero lo puedo conseguir.
Necesito tiempo, es lo único.
Os pido tiempo, por favor.

Para ver a mi familia, a mis amigos, a mis amigas, a ti; para que no haya más huecos (aunque se cubran de cosas pequeñas); un tiempo muerto, para que nunca haga daño; el tiempo de la felicidad; sin relojes, nunca los usé, así no es preciso medir lo que os pido; para verte coloreada de azul, sin querer huir de aquí, iluminando aceras con tus ojos. Sólo quiero nuevos tiempos, un dos por dos, tiempos extraños, más bién lentos.

En realidad no os pido nada, sólo eso que es muy poco.

PD.- Cuando tenía siete años, antes de nochevieja encontré una bicicleta en la habitación de mis padres, no sé qué hacía allí y corrí a contárselo a mi madre. No entiendo por qué no pudisteís haberme dejado aquella misma, si os habiáis equivocado. Encima que tuvo que ir mi padre a llevárosla a no sé dónde. No os preocupéis, ya no os guardo rencor, pasó hace mucho TIEMPO.