A veces escribo cartas sin remite, con postdatas.
A veces escribo cuentos sin final, sin moraleja.
A veces escribo versos asonantes, malsonantes.
Quiero pintar esa pared, quiero pintarla en verde, y quitar la tela de araña que sólo ocupa su rincón.
No quiero que sometas mis imprudentes acciones a tus estúpidos juicios de moral.
Quiero que te recuperes, que seas feliz.
No quiero que nadie me note ausente.
Quiero aprender a decir NO, ADIÓS, BASTA.
No quiero irme, o no sé dónde.
Quiero que todo se quede igual: estático. Incluso no voy a pintar esa pared.
No quiero cansarme de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra.
Quiero asustar a un notario con un lirio cortado, o ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, perdido, tiritante de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
Quiero confundir mis noquieros con los de Neruda.
No quiero tantas cosas ni quiero querer lo que quiero.
Quiero que contestes a mis mails.
No quiero que no contestes.
Quiero acabar con los prejuicios, y con los que hablan de relativismo.
No quiero, quiero, no quiero, quiero.
Quiero inventarte cada día, como a alguien nuevo.
No quiero seguir pautas, ni susurrarte condiciones.
Quiero que sepas que ya me esperaba...
No quiero no saber qué quiero, sé lo que no quiero y no lo puedo evitar.
Quiero elegir del mapa un lugar sin nombre...
No quiero que tú sufras lo que yo sufro.
Quiero arreglar todo lo que hice mal, todo lo que escondí hasta de mi.
No quiero largarme con la música a otra parte y san se acabó.
Quiero montarme yo en tu escoba tras de ti.
No quiero ser una chica Almodovar.
Quiero beber hasta perder el control.
No quiero saber por qué lo hiciste, ni un amor civilizado, ni viajar al pasado, ni catorces de febrero, ni cumpleaños feliz.
Quiero lo que nadie me da.
No quiero contigo ni sin ti.
Quiero mudarme hace años.
No quiero dudar de tus palabras.
Quiero amanecer en un mundo en paz, colorear lo que esté gris.
No quiero verte para no querer morderte
Quiero creer.
"Calla y escucha -dije-.No se trata
sólo de ti; se trata de mi vida.
Te sacaré de aquí. Vendrás conmigo."
Respondió: "Pero tú no me conoces."
"No te conozco a ti. Tú a mi tampoco.
Sólo tienes que hacer lo que te he dicho.
Hasta mañana." Dije. Abrí la puerta.
"Debes ser tú quien está loco", dijo.
Y desde su galaxia me miraba.
LUÍS ALBERTO DE CUENCA