Dicen, o eso me han dicho, que la vieron hace poco, un mes o poco más, que seguía igual, que aún conservaba mis cartas, pero que, sin embargo, solo asintió cuando le recordaron mi nombre.
Yo, a veces, con eso me conformo.
Otras veces, las menos, preferiría que recordase todo de mí, hasta mi número del móvil, aunque sé que es imposible.
Sólo es una más de esas pocas historias en las que el destino, el alrededor, gentes de todas partes .... impiden que ahora mismo tu vida no fuera otra, con otra persona, en otro lugar, en otro cuándo y en otro cuánto.
Esto, aunque nadie me crea, es lo que te deja buen sabor de boca, saber que ni ella ni yo nos dejamos, nos abandonamos, ni nada parecido.
Multitud de pequeñas cosas convirtieron algo bonito en imposible, en una semana me cambié de ciudad, móvil y amigos, una prueba dificil que aún así pasó.
Me contó una vez que cuando logró localizarme alguien le pidió que me dejase en paz, que bastante mal ya lo había pasado; aquel día me dijo que fue el primero que lloró.
Al tiempo, las dos o tres veces que nos hemos visto en los últimos siete años, -ella y yo con otras vidas (en las que ya nadie suyo ni mio sabe quien soy yo o ella)-, los dos sabemos qué sentimos, se presiente.
Esa noche o ese día (el que coincidimos), lo pasamos entero juntos, sin que nadie lo sepa, hablamos y hablamos, como intentando explicar o justificar que hemos hecho en esos dos años anteriores.
Es algo tremendamente raro, a veces nos culpamos de tener pareja, y al despedirnos lo hacemos pensando que esta vez si que nos volveremos a ver más a menudo, nunca pasa, y esa semana siguiente parece que el mundo se te vuelve a caer y nadie a tu lado sabe por qúé. Piensan que es una de esas semanas depres.
En mi nuevo mundo apenas nadie sabe quién es, sólo algún amigo de esos de siempre, y nadie me comprendería.
Cuando como hoy, alguién que me encuentro, al que no veo desde hace meses o años me dice: -Oye, sabes con quién estuve el otro día?... A mi se me cae el mundo por momentos, porque la recuerdo la primera noche que la vi, los primeros dos años sin vernos, cuando legalmente teníamos una relación (que aun tenemos) y que nunca rompimos; la recuerdo esa noche en la que a mi me sorprendió la alegría con la que me llamaba a voces, sus besos y abrazos, su todo. Yo le pregunté que por qué no me buscó en ese tiempo, fue cuando me dijo que lo hizo, que viajó cuatrocientos kilómetros y que espero un día entero en la nueva dirección que le habían dado, que llamaba a casa de familiares que jamás le quisieron dar información sobre mí.
Hace un par de años, después de romper nuevas relaciones cada vez que venía a visitarme su fantasma, decidí que ya más no, que no quería vivir de su recuerdo.
Ahora, cuando me dicen algo de ella o me quieren dar su móvil (el cual borré hace poco), digo que no. Prefiero seguir así, aunque sea vivir de su recuerdo, porque creo que es de eso de lo que sigo enamorado, de ella hace seis o siete años, no ahora.
Seguramente, los dos lo querremos así, o simplemente nos hemos acostumbrado.
Aún conservamos los millones de promesas de cuando estabamos juntos.
Aunque nadie me crea, me duele leer periódicos, para no saber nada de ella, tampoco miro las esquelas.
...que estar siempre juntos Tú y Yo, de viaje por el sol...